domingo, 24 de agosto de 2008

El juego de escribir un diario rojo.

Pienso que lo que me obliga a escribir es el miedo a volverme naúfrago, odiaría irme a pique sin salvar mis errores y angustias, sin registrarlos cuando menos en una servilleta. La felicidad no me sirve, usualmente no me enseña nada, por eso mis escritos sufren una aspiración ardiente, dolorosos perduran en mí como un deseo insatisfecho.
Nietzsche escribió "con su sangre" que quien le critica o, mejor, le sufre, no puede hacerlo sino sangrando a su vez. Así son mis escritos. Rojos. Son el ansia, la pena, la incertidumbre, mi pérdida total de equilibrio los que me mueven a escribir a menudo.
Así construyo mi espejo del mundo, esa ciénaga donde sucumbe el amor que ha avanzado hasta los límites de lo posible. Lo que una sabiduría lógica no puede resolver quizá lo logre llevar a cabo una temeridad sin medida que ni retroceda ni mire hacia atrás. No tengo ninguna tarea por cumplir, mis palabras no deben nada a nadie, no tienen un destino fijo más que para mí y no pienso en complacer más que al deseo de reír, al prurito de placer, a la santidad o a la muerte. Quiero alejar la enfermedad del desierto lanzando un grito aunque se pierda en un gran silencio.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

hola , mas que que un diario rojo yo diria que son paginas de un ayer, la presencia de un presente y la estancia de una madurez atra vez de tu vivencia....


atte.
AMAPOLA

Montserrat Arsen dijo...

Rojo... intenso...fuerte...ardiente...profundo...apasionado...lleno de amor...coraje...sangre...dolor...heridas...cicatrices...mujeres...

Mi diario tiene tintes rojos, rosas, azules y violetas... hacia donde me lleva esta variaciòn? no lo sè... hasta ahora sigue siendo cautivadora... aunque tambien me vuelve temerosa...

Anónimo dijo...

es weno pensar eso pero no te obsesiones