viernes, 22 de junio de 2012

Dependencia

Muchos viven desencantados por falta de aventura, de dinero, de sueños, de amor, de esperanza, de trabajo, de comprensión, de apoyo, de estima, de valor, de miles de cosas más… Son seres con carencias. Para llenarlas suelen recurrir a otras personas, y las responsabilizan de ello. Depender de alguien es querer que el otro nos haga felices, nos cuide, nos proteja, nos mantenga, nos eduque… Las dependencias pueden ser emocionales, intelectuales, materiales u otra.
Por eso, cuando dependemos de alguien le exigimos tiempo, dedicación, anhelamos estar en sus pensamientos todo el día. Se insiste en mantener el control sobre el otro, se revisan constantemente los celulares, el correo, las bolsas, carteras...; se insiste en que el otro renuncie a trabajos, amigos, pasatiempos, familia, viajes...; llaman constantemente para saber qué hace y dónde se encuentra, se sufren celos excesivos, se carece de objetivos personales, de vida individual, se anteponen las necesidades del otro a sus propios intereses y gustos, se planea la rutina diaria con base en la vida del otro, se chantajea sentimentalmente...
Cuando dependemos de alguien es porque no queremos o no podemos construir nuestra propia felicidad.

martes, 4 de octubre de 2011

Historia de M 18: FIN

Rompimos. La decisión fue de ambos. Sólo por un mes. Quizá para siempre.
Su madre se tornó demasiado quejosa, sus amigos menos amables. Pareciera que el mundo decidió hacerle la vida de cuadritos sólo por estar conmigo.
Estoy triste, quiero verte, me señala al teléfono, ya no aguanto a mi mamá, incluso me ofreció comprarme algo muy caro, lo que pidiera, si te dejaba, pero yo no te cambio por nada, Dulcecita, le digo, a veces quisiera robarte, irnos muy lejos, Sí, cielito, continúa ella, viajar a dónde nadie nos diga nada. Luego un breve silencio en el cual mi cabeza detona cientos de pensamientos que intento descifrar.
Ella lo sufre todo, mi familia no me dice nada, aunque la mayoría no crea en nuestra relación, respetan mi decisión. Sólo A, mi cuñada, es la única que me apoya abiertamente. Es cosa del tiempo, me explica, si nadie te hace sentir lo mismo no la dejes ir, su familia necesita tiempo, todo se arregla con el tiempo. Eso me llenó de un temor muy grande, acaso había empezado a dejar de amarla, y por eso ya no estaba tan dispuesto a luchar. No, lo más seguro era no saber cuánto la amaba.
Una noche estaba muy inquieto y sonó el celular, habían pasado dos días del rompimiento. Hola, cómo estás. Era ella. Quisiera hacerte unas preguntas, me dijo con una voz seria, Sí, dime, le pedí con el corazón temblando, Me amas, me preguntó. Titubeé por un instante, eran dos días, no un mes y ya estaba haciendo esas preguntas, estaba rompiendo las reglas, se supone que trataríamos de olvidarnos, o al menos de ocuparnos en nosotros mismos. Sí, dije sin defensas, te amo, Cuánto, insistió, Pues no sé, Cómo que no sabes, No lo sé pero mucho, alcancé a decir con un miedo extraño recorriéndome la piel, Ok, reafirmó, no sabes pero dices que mucho, ahora la última pregunta, qué estarías dispuesto a hacer por mí. Me recorrió la urgente necesidad de desaparecer y amarla al mismo tiempo, ya no estaba seguro de la suficiencia del amor contra todas las cosas. Mira, confesé, si me hubieras hecho esta pregunta una semana antes, te hubiera dicho que todo, que haría todo por ti, cualquier cosa, en cambio ahora te pido tiempo, me tiene aturdido toda esta situación, la verdad no sé si hago bien, creo que la que más sufre eres tú, Quisiera ser tan fuerte como tú, reveló inmediatamente. Más no es así, no sé cómo serlo.
Pasaron unos días, el destino me topó con nuevas sorpresas, como si quisiera darme las herramientas para terminar, para decidir de una vez por todas.
Encontré una mujer muy linda, siempre me había gustado, y siempre me había quedado cruzado de brazos, hasta entonces cuando pensé arriesgarme. Desde el momento en que nos presentaron hicimos click y decidí no hacerle caso a mi corazón que pujaba por M, obedecer a la razón imponente: Hazlo ya, olvídala, a pesar de parecerte que el amor no tiene edad hay excepciones, el amor entre ustedes es pura intimidad, Cállate cerebro, no sigas, No, no lo haré porque sé lo que te conviene, dime qué otras cosas comparten, qué proyectos juntos tienen, qué vida llevan, una relación no es sólo cama, Cállate, no es cierto, la amo y eso es lo que importa, La amas y está sufriendo, por tu culpa, quizá en un par de años sea posible, ahora eres la razón de su desgracia, de que la atormenten con lluvias y truenos de maldiciones que a ti no te alcanzan a mojar ni los zapatos, No puede ser del todo así, ella sufriría más si la abandonara, es el precio que está dispuesta a pagar, Tonto, eres un corazón tonto, claro, y tú nada más recibiendo la gloria, sin pasar por los momentos de dolor que ella vive, no te preocupes tanto, por dios -añadió con ironía- todo lo olvidará, sufrirá unos días, quizá unos meses, pronto estará en paz y volverá a amar de nuevo, No me digas esas cosas, eso significa perderla, No seas estúpido, eso significa no hacerle daño, acaso no ves que aún no ha aprendido a amar, que en vez de construir su propia felicidad deja que ésta dependa de ti; mientras viva acobardada por la opinión ajena nunca será libre de verdad, sólo puede ser feliz de espaldas al mundo, Cerebro, pero yo puedo enseñarle, mandar a la mierda esos prejuicios pacatos y si la gente nos condena al ostracismo, asumiremos con orgullo nuestra condición marginal, Te haces mucho el idiota, verdad, ni siquiera sabes qué hacer en momentos críticos, no lo eches a perder, tú necesitas una mujer que camine a tu lado, no alguien que andes arrastrando tras de ti, Te equivocas, cerebro, me gusta ser protector, amo abrigarla, hacerla sentir que no le falta nada, Ja, ja ja, se burló ante mi respuesta, Cállate, cerebro, cállate ya. Ya sea cómplice o enemiga del placer, la conciencia debe ser obediente y callada en el amor, porque el cuerpo y el alma tienen su propio lenguaje, un lenguaje desarticulado, feroz y tierno a la vez, que brota de la tierra como un borbollón de aguas termales. Cállate tú, corazón, gritó secamente, cállate de una buena vez, no digas otra palabra más, enmudece, es por nuestro bien... No, espera, no puedes traicionar a tu corazón, así nunca serás feliz, Ah, vaya, eso sí me toca, corazón, hasta que dices algo interesante, sin embargo no consideras todo, ella está dispuesta a todo, cierto, pero tiene o no la madurez necesaria para tomar una decisión así, con todas sus consecuencias y nuevas responsabilidades, dime, apenas está descubriendo lo que quiere en la vida, nunca te diste cuenta porque creíste que el amor bastaba, el amor dentro de una cotidianeidad es un paquete más enrevesado y confuso donde entran en juego mucho más cosas que la intimidad, y los corazones rotos tienen la facultad de renacer, ella comienza apenas, tiene mucho por delante, Me siento mal de todas formas, cerebro, Bueno, yo no siento, sólo pienso, traicionar el corazón por el bien de quien se ama no está mal, Cómo no va a estar mal si la destrozo, le hago añicos el alma, Hay aprendizajes dolorosos, eso no significa que sean improductivos, además, quién puede juzgar a las personas sólo porque han dejado de amar, Eh, momentito, yo no he podido dejar de amarla, concluyó el corazón con un sentimiento vacío, rendido ante las embestidas racionales.
Por un lado M es la única inspiradora del amor, por el otro, tantas ausencias, la incompatibilidad de visiones ante la vida, los empeños contrarios de sus amigos y familia, sobre todo la edad, no la física sino la mental hicieron un amor diluido. Sé que nadie en la vida me había hecho sentir lo que ella, también sé que todas "las otras cosas" debilitaron mi amor. Eran dos sentimientos imposibles de juntar y sin embargo allí estaban, la extrañaba como nunca mientras sentía un afecto deteriorado.
Así entonces, todo sucedió tan rápido, esta mujer nueva, una cita tras otra, nuevos besos, nuevas palabras de amor. Lo peor fue contestar esos primeros mensajes, me resultaban mecánicos, todo mi amor estaba dirigido hacia M, tenía que pensar qué decir, no me salía natural, un clavo no saca a otro clavo. El amor está hecho de las mismas palabras, todos los amores las repiten, no obstante, cuando se está enamorado, esas palabras se necesitan, se reclaman, se suplican, se conjuran con una fuerza original que todo lo habitual se olvida. Mi corazón estaba con M, mi decisión en cambio era otra.
Luego el twitter y el facebook revelaban una M más profunda, una M que escarbaba con ansias las profundidades del alma para entender los dolores del corazón. Eso me hacía amarla más, pues la sentía distante del resto de los mortales, más mujer, más Venus, más dama. A ratos caía de nuevo en la vulgaridad y se hacía pequeñita otra vez, no porque sea un moralista, pues cuando hay que decir que le va a uno de la chingada pues no hay mejor manera de expresarlo, sino porque se denotaba la ordinariez, algo rústico y tosco brotando de su esencia. Eso me hacía abandonarla más.
Luego otros días, cuando veía sus mensajes de amor dedicados a mí, se me humedecían los ojos. Hubiese preferido que me odiara, su indiferencia, en cambio recibía una devoción honesta, íntegra y angelical, eso simplemente me carcomía el alma. Quizá por eso resolví dar el disparo mortal, para iniciar de una buena vez por todas el camino de la recuperación.
Mi corazón le ha hecho caso al cerebro. El cerebro no sabe de las ataduras invisibles del corazón.
Un día me sorprendió una llamada, el celular identificaba a M. No entiendo cómo hay casos donde explota el interior tan fácilmente, contesté temblando. Hola, cómo estás, me saludó, Bien, y tú, Bien también, Mañana salgo temprano, voy a Mérida, le dije, por lo de la gira, Oye, interrumpió, ando por tu casa, quieres verme, me interrogó, No, negué contradiciendo mis emociones, Oyeee, musitó tratando de convencerme con su dulzura y al mismo tiempo desarmada ante mi respuesta. Si la veía no hubiese podido resistirme, todo mi amor se hubiera volcado sobre ella. De pronto la señal se interrumpió. Un silencio enigmático y enmarañado llenó el mundo. No tuve ninguna duda, no vacilé ni un solo momento, la amaba. No obstante descubrí la cruel verdad, no somos únicos ni los mejores, somos reemplazables, con el tiempo hasta en el amor: el tiempo no nos hará olvidar, tan sólo madurar y superar las cosas, M tendrá la felicidad que merece, la encontrará por ser tan hermosa desde la piel al alma.
Yo, tendré la felicidad sombría de un soñador. Sin lujos, mis padres me colmaron de cariño y buenos ejemplos, aprendí desde niño a valorar el intelecto por encima de la riqueza, a valorar el corazón por encima de lo superfluo. Miro atrás lo que solía soñar y veo cuántas cosas he cumplido y a pesar de ello continúo soñando, a pesar del corazón roto, de las carencias, de las vicisitudes. Nos tocó vivir una época deshumanizada, inhóspita, enferma de irrealidad, en que los lamentos de un enamorado ni siquiera pueden adquirir consistencia material o sonora: sólo tienen derecho a evaporarse en el éter.
Ahora sé que mi corazón sigue ahí, con M, y siempre la llevaré en mí. Puedo vivir sin ella tanto como ella sin mí, podemos amar de nuevo, encontrar una nueva ilusión. Yo ya he empezado, aunque suene nefasto y pérfido, las oportunidades no se repiten. Ya entregué un pedacito de mi alma a otra persona, todo ha sucedido tan rápido como intenso, es sorprendente. He traicionado a mi corazón, aún estoy atado a M, en el fondo siento que es por el bien de los dos (ahí tienen, les doy la razón a todos) y poco a poco mi corazón irá cediendo sus fiebres en otra dirección -aunque ella al principio tenía demasiados escrúpulos de conciencia para entregarse a una verdadera pasión. Más es otra historia. No la contaré. Ya no quiero. Estos escritos que me liberaron muchas veces ahora comienzan a quemarme.

lunes, 3 de octubre de 2011

Historia de M 17: Catarsis

Llevamos como quince días sin hacer el amor. A veces me dice que sólo le permitieron salir una breve media hora. A pesar de ello nos quedamos largo tiempo paseando por la ciudad haciéndome pensar cosas malas. Otras veces me manda mensajes insinuantes hasta el momento de vernos, de decidir qué viaje haremos esta vez, sin embargo, sólo me besa, me entrega a mí toda la decisión. A dónde quieres ir, le pregunto, No sé, responde haciendo una muequita con la boca, Al cine, la interrogo de nuevo, No, Al malecón, No, A algún café, No. No me quedan más invitaciones. M sólo me mira, me abraza, veo su deseo guardadito. Quiero escucharla, oírla pedírmelo, hacerme sentir su necesidad tan clara como es.
Recuerdo cuando empezó todo, lo más conmovedor es que nuestro amor nació de una admiración espiritual tanto como de la atracción física. La invoco como un numen celestial de serena belleza, con las vibraciones de la picardía y la inocencia en el rostro, sus grandes ojos negros con un velo de amargura tierna, el ardor honesto de su mirada incitándome simultáneamente a la oración y al pecado. Era hermoso sentir que poco a poco M se abría como una flor para dejarse fecundar por mis razonamientos, bromas y coqueteos.
Ahora, en esta semana sus mensajes fueron demasiado claros, su familia y amistades la aturden todo el tiempo, se ha peleado con su mamá por mí, cada vez las exigencias son mayores, no le permiten verme, por dentro le nace una necesidad primaria y urgente por estar conmigo, de escapar, de volar. Quiero amarte, me revela, necesito de tu dosis para curarme, quiero que me robes, quiero toda una vida a tu lado. Ninguna, de todas las amantes de mi pasado me había rozado siquiera el alma, nunca sentí en el pecho ningún relámpago como me ocurre con M. Sólo ella me hace concordar la excitación más endemoniada con la devoción más candorosa y tierna. Eso me hace sentir vulnerable delante de ella, porque ese momento irrepetible y mágico me hace abrigar una virginidad emocional, sepultada durante relaciones anteriores bajo una montaña de materiales tóxicos.
En el auto, como siempre ante la luz roja del semáforo, se inclina hacia mi asiento acariciándome el pecho mientras regala la humedad de sus labios a mi boca. Es como si brotaran las mismas preguntas en ambos. Ninguno lo pide, ninguno permite abrir la coraza que nos impide amarnos.
Ya no me importa ninguna otra mujer, no puedo amar sólo por destrezas pélvicas, ya no puedo relamerme los labios y meterme la golosina a la boca en afán deportivo. El encanto de complacer se torna ahora en milagros inexplicables estallando intempestivamente desde dentro. Pensando en eso, en una decisión repentina y silenciosa, me dirijo al destino inevitable.
Cuando llegamos a la habitación se arroja a la cama y se quita las sandalias. Le hecho seguro a la puerta y la secundo mientras me hundo en las sábanas. Me encimo en ella mientras las palabras dulces y los besos suaves comienzan a hincharse de sangre. Pronto una prisa por hacernos uno nos invade. Nos arrancamos la ropa, le quito las bragas, me convierto en su Dios. Conforme el placer va pasando del azul tenue al rojo vivo, la hago mi esclava disfrutando las delicias encerradas en su cáliz húmedo. Me detengo en las orillas de sus fuertes glúteos, llenos de luz, de horizonte, siento clavados en mí sus huesos como si penetrara en cada límite de su piel, en cada ángulo, en cada forma que adquiero con ella. Lanzo gritos sordos, Eres mía, le digo entre gemidos violentos. M, totalmente entregada se va llenando de espasmódicos suspiros, de voltajes corporales infinitos. La poseo con la fuerza de mil demonios. Siento el hervor de cada sacudida. M se monta sobre mí, siente con mayor hondura la magnitud de ese amor sublime y desesperado, la pasión que entrega su virginidad sin esperar nada a cambio. Para ella han pasado eternidades sin vernos, tan llena de contrastes familiares, de regaños y reclamos, de ausencias y desesperaciones que durante el orgasmo y en la paz posterior quiebra sus enmohecidos candados emocionales, y derrama un torrente de llanto, sin importarle nada. Es como una segunda secreción de líquidos vaginales, tal vez más necesaria que la primera, pues con ella alivia los dolores de una necesidad amorosa largamente pospuesta. Amorcito, le musito en tono dulce mientras le enjugo sus lágrimas, Me haces llorar, susurra entre gimoteos, lloro porque nadie me había hecho tan feliz. Conmovido, la consuelo con besitos tiernos, hasta que por fin agota su reserva de lágrimas. Quiero tenerla siempre así, reclinada sobre mi pecho, protegida contra cualquier amenaza del exterior. La desnudez total es el cimiento de los amores indestructibles. Ambos tenemos el alma a flor de piel, e intactos la inocencia de dos enamorados.

domingo, 18 de septiembre de 2011

No me pidan razones

"Confirmado. Mieloma múltiple. Promedio de vida de dos a tres años más o menos. Después les escribo para instrucciones. Abrazos".
Hoy me siento triste de una forma ajena, de una forma que no reconozco. Las pupilas se humedecen sin barreras, adentro siento una agonía extraña.
De repente desaparece. No sucede nada, la vida tiene distracciones. Así estás un momento. Enseguida, piensas en algo, un abrazo, unas palabras, una existencia diferente, sinceridades nunca dichas, posibilidades nuevas. Ya no puedes detener aquella tristeza, brota sin más, los ojos están tan saturados de lágrimas inesperadas para algo de peso disconforme, algo que no entiendes. Tal vez es merecido, no obstante no lo comprendo.
Ahora ya no se puede perder el tiempo, ahora no debe callarse nada. Intentar ser feliz, aprender a serlo, olvidar las deudas del corazón. Los errores fueron necesarios, vale la pena soñar a pesar del tiempo tan corto, a pesar del dolor físico.
Las decisiones que debe tomar sólo dañarán a una persona, el resto estará ahí, lo percibimos, la otra respetará la decisión a pesar de no entender la respuesta. No presionará a nadie desde su posición para no herirlos.
Sin embargo, eso no importa mucho, será amargo mirar cada día un cuerpo más opaco, una mirada hundiéndose y secándose. Será más angustiante mirar su alma alejarse con nuestro corazón acalambrado delante del abismo. No sé qué se hace en estos momentos, le grito a la vida que sea fuerte, que no nos haga esto, todavía no, es demasiado pronto.

Al principio no lloré, ni siquiera al llegar a la habitación donde estaba mi padre, fue mucho después cuando solté el desconsuelo. Papito lindo, un abrazo, un abrazo tuyo. No puedo evitar pensar en su mirada, como si hubiera querido avisarme, sin atreverse lo decía con los ojos, lo sentí al despedirme, se entregó a mí como un niño chiquito, lo llené de cuidados como un bebé. Ya no está. Desapareció. Es la nada.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Crecer

Es una noche lluviosa. Las gotas caen interminables a lo largo de las ventanas. No puedo salir al jardín y jugar futbol con mis vecinos de la cuadra. Soy un prisionero junto a mi abuela meciéndose en su poltrona.
Siento las mismas ansias de otras veces, no por jugar. Por otra cosa, algo que me pasa, algo oscuro y anónimo para mí. No quiero permanecer en casa, necesito escapar, renovarme. Me retuerzo con desgana mientras desciendo lentamente atrapado como un cometa por una brisa apenas perceptible.
Algo suena. Atemorizante y seductor, va revelando su extrañeza. Lo escuchas, le pregunto a mi abuela, Qué cosa, responde, Eso, le digo ondeando las manos en pos de reafirmar lo obvio, No oigo nada, termina diciendo ella. Nunca sé cómo contener mi curiosidad. Ahora vengo, le indico mientras salgo. En un instante soy agua fría, ropa empapada, piel de gallina. Abro el enrejado y corro hacia la calle vecina. Me topo al comienzo de algo nunca imaginado.
Lleno de misterio se acerca, increíble, fantasioso, de una belleza aterradora. Me hubiera gustado haberlo conocido antes para disfrutarlo ahora. He de ser precavido. Eso te traiciona cuando no te das cuenta.
Entre la oscuridad, cada vez más próximo a mí, sin poder verlo, visible sólo abajo de la piel, percibo su sonido, su aroma, su sabor. Como un gato mimoso, me abraza con un cariño y un miedo tan sinceros que siento que estoy a punto de hacerle daño y me averguenzo. Siento cómo me envuelve y me hace flotar. De pronto, se desvanece dejándome caer. Tardo horas en llegar al suelo, como hasta el fondo de un gran cañón. Me desvanezco en un estupor silencioso de ojos abiertos.
Corro hacia la casa. Ignoro cuánto tiempo ha transcurrido. Abuela, grito al entrar, abuela, escucha esto, le pido mientras despierta de un sobresalto, Hijo, pero si estás todo mojado, ve a cambiarte, Sí, ahorita lo hago, nomás escúchame antes, le manifiesto. Le narré cada momento sin perder detalle. Sabes qué creo, le pregunté al final, es el amor, abuela, el amor. La abuela siente un leve dolor de vientre que no cambió en absoluto durante toda la historia y que le oscurece el corazón como una luz negra permanentemente encendida. Eso no es el amor, me concreta, eso es la muerte.